“Casa Collage” (Fuentes y Monteys)
En la presentación de este libro, se comentó la importancia que dieron sus autores en relacionar la casa con la infancia, con la inocencia del niño de obviar la mala distribución del hogar. Se destaca la arquitectura del norteamericano Robert Venturi y sus reflexiones sobre el número de puertas que debe haber en una habitación. Uno de los aspectos más importantes del hábitat es la viabilidad de espacios, su posible doble-uso. La estandarización ya queda anticuada, pues condiciona demasiado a las viviendas.
Algunos ejemplos propuestos son la “Wichita house”, “Casa Domino”, “Dimaxion house”, “Torre Ginza”, “Casa del futuro” de Smithson… En todas ellas el autor ha puesto especial énfasis en la fluidez de espacios de la misma, en la flexibilidad del ambiente. De ahí que el libro hable de la utilidad de las casas móviles.
Desde niños, teníamos una visión de la casa como escudo protector, que junto a nuestra desarrollada imaginación nos ayudaba a buscar la verdadera o irreal función de una habitación. Así, la cocina era sentida como el corazón de la vivienda, pues trasmitía calidez para reunir a la familia en torno a un hogar. Aunque eso hoy se ha perdido, y es justamente lo que critican Fuentes y Monteys, ese convencionalismo, esa estandarización que tanto éxito tiene. Se ha perdido la flexibilidad de ambientes, la adecuación del terreno exterior al espacio interior del hogar. Se propone un replanteamiento de la vivienda en la que seamos capaces de ver nuestras experiencias en paralelo a nuestras necesidades. Aparece entonces el debate del momento: “Füller vs. Foster: ¿cuánto pesa su casa?”
Otro problema actual a acontecer es la fabricación digital, el diseño paramétrico, que ha conseguido llevar la imaginación humana a una máquina (Atelier Manferdini). Puede que las herramientas digitales nos ayuden a la calidad del proyecto, pero la idea seguirá siendo siempre nuestra.
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