Aunque parezca mentira, cerca del 30% de las bombillas que se tiran (sin reciclar además) podrían seguir funcionando. El problema se encontraba en otra parte del dispositivo. Así que propongo un traje "enchufable" que porte cerca de 500 metros de cable, en el que adosaremos cantidades ingentes de casquillos para que asi la persona pueda matar dos pájaros de un tiro: con su bombilla "fundida" se acerca al traje bombillero y la enrosca; como este está permanentemente enchufado a la corriente, el usuario sabrá de inmediato si su bombilla sigue funcionando, o si debe dejarla sobre el casquillo para que sea recopilada y reciclada junto a otras. Si tu bombilla es halógena y no encuentras casquillo para probarla, te invitamos a estamparla contra los cartones de sendos hombros, para que pase a mejor vida.
El traje en sí, para evitar el contacto cuerpo-cables, cuenta con una fina sábana de plástico. También reciclado. ¿Se puede pedir algo más económico con un fin tan necesario?
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